MIENTRAS ESPERAMOS A ...

Tiene la situación actual un aire a la obra del teatro del absurdo de Samuel Beckett, Esperando a Godot, en la que Vladimiro y Estragón esperan en una encrucijada de caminos a que llegue ese indescifrable y misterioso personaje de nombre Godot que nunca llega y del que se espera una solución, una respuesta que nunca llega a expresarse.

Estamos esperando la vacuna, la supuesta solución a nuestros problemas, o eso pensamos después de 14 meses de reclusión en grados diversos. Tras la vacuna se abrirá la puerta, intentaremos acceder a la normalidad que dejamos hace más de un año, pero allí nos esperan los mismos problemas que dejamos y que habíamos casi olvidado, agobiados por la urgencia de conseguir una solución sanitaria a la grave amenaza del virus. Nos esperan los mismos problemas que dejamos pero agravados.

A nivel mundial seguimos teniendo un gravísimo problema ambiental, con un cambio climático cuya evidencia es ya insoslayable. La globalización y el multilateralismo afrontan nuevos retos. A nivel nacional tenemos por delante una crisis social y económica de dimensiones enormes, con unas desigualdades que aumentan día a día. Y en la UPCM estamos esperando la llegada de la “presencialidad” como bálsamo de nuestras dificultades y limitaciones actuales, pero hay razones para preguntarse si de verdad esa será la solución a nuestros problemas.

Esperamos pero apenas actuamos, somos espectadores antes que actores. Inmersos en el paradigma de esta sociedad del espectáculo (en la que unos pocos opinan y el resto somos espectadores que observan) hemos entrado de lleno en el mundo de la representación, donde el relato se impone a la realidad y a la experiencia vivida.

No actuamos, no participamos activamente, y con frecuencia opinamos compulsivamente, sin reflexionar y sin apenas criterio propio; seguimos el relato porque opinar es fácil, lo difícil es pensar, analizar y sacar nuestras propias conclusiones. Y esa es una misión central de una Universidad Popular que todos deberíamos reclamar: hay que recuperar esas capacidades de reflexión perdidas, tener criterio propio y superar las limitaciones del relato original que nos intenta transmitir una versión sesgada de lo ocurrido y de lo que nos rodea.

Más que esperar es hora de decir lo que todos tenemos derecho a saber por encima de lo que queramos oír.