NAVEGAMOS EN EL MISMO BARCO Y DE ÉSTA NO PODREMOS SALIR SOLOS

Llevamos muchos meses ya en los que parece que nuestras vidas están permanentemente presididas por la pandemia del Covid-19 (con sus consecuencias económicas y sociales) como tema único. Pero nada de eso es un empecinamiento o una obsesión malsana porque por desgracia la pandemia sigue con sus nuevas variantes. Permanentemente nos encontramos con restricciones derivadas de su extensión y la incapacidad para su control, en medio de una sociedad ya muy fatigada, a veces descreída, siempre con miedo y ahora con la esperanza de una vacuna que se nos anunció como remedio universal y drástico de todos estos males y en tiempo récord, y cuya administración se complica y se posterga.

Hemos visto enfermar de gravedad y morir a padres y amigos, y también algunos lo han sufrido en carne propia; y quien no lo haya sufrido ha tenido multitud de ocasiones de verlo cerca porque la evidencia está por todas partes. Y por eso tenemos miedo y sufrimos anhelando el acceso a la vacuna salvadora que se va retrasando y nos sume en una cierta perplejidad cuando no en la frustración de ver que de nuevo el final todavía está lejos. Nos cuesta aceptar los mensajes oficiales y nuestros gobernantes van perdiendo (o han perdido ya) la poca credibilidad que les quedaba.

En medio de tanta desesperanza tenemos que abrirnos a ver las cosas positivas que esta pandemia nos ha traído, aunque a veces nos resulte difícil verlas y aceptarlas como positivas: las vacunas son una realidad, aunque los problemas logísticos (mal previstos y peor resueltos) y de suministro de las dosis prometidas (siempre en pro del beneficio económico, con una mercantilización obscena) retrasarán sin duda la agenda. ¡Qué pena que estemos viendo emerger los nacionalismos políticos también en la vacunación¡

La mayor parte de la población ha tenido un comportamiento ejemplar, muy superior al de nuestros gobernantes; no nos fijemos sólo en las singularidades de los que incumplen las reglas y en las ineficiencias y contradicciones de las normas/reglas que nos transmiten y obligan a cumplir, con demasiadas recomendaciones y pocas directrices claras.

Veamos también que sobre este problema global, universal, ha ido emergiendo una nueva solidaridad social, una nueva ética de la gente de a pie que ha demostrado un estoicismo y una capacidad de resistencia digna de admiración. Todo ello son mensajes de esperanza y quizá nos lleve en un futuro cercano a entender que hay situaciones como esta de las que sólo se escapa UNIDOS: navegamos en el mismo barco y de ésta no podremos salir solos.